¡No experimentes!

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En las empresas de sistemas nos caracterizamos por ser mayormente gente analítica, matemática (por no decir “cuadrada”) y que tenemos muy presente el método científico. Sin embargo cuando vamos creciendo y teniendo más responsabilidades nos vamos encontrando un cierto rechazo o miedo a la palabra “experimento”.

Hace unas semanas luego de volver del Agile Open Camp 2017 decidí que era hora de hacer algunas cambios en un proyecto en el cual colaboro más desde lo organizacional que desde lo técnico. Volví con un montón de ideas para mejorar la forma de trabajar del equipo, pagar la deuda técnica acumulada, ser más robustos a futuro y muchas otras cosas.

¡Es hora de experimentar con este proyecto!

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¿Experimentar?, ¿con un proyecto en producción?, ¿estás loco?, ¿y si el cliente se entera?, ¿y si rompemos algo?, ¿y si no sale bien? … ¿y si …?

Alguna de esas frases te pueden sonar familiar y son producto principalmente, a mi entender, de un problema de comunicación, o más precisamente de cómo comunicamos nuestras intenciones.

Siempre que alguien levanta una ceja frente al planteo de un experimento, siento que hay un tabú frente a esta palabra; una especie de pensamiento negativo en el cual el otro se imagina que queremos romper algo a propósito y que las consecuencias van a ser terribles e irreparables.

La mala noticia es que los experimentos fallan, pero no son fallas terribles y mucho menos irreparables :). Podemos simplemente dejar de hacer lo que no funciona y volver a como lo hacíamos antes.

En mi experiencia, la gente reacciona mucho mejor si uno plantea la pregunta de otra forma : “¿te parece si probamos …?”, “¿y si cambiamos …?”, debe ser puramente psicológico, pero me dan más libertad de acción.

¿Por qué entonces seguir insistiendo con “experimentos”?, ¿No es entonces un problema semántico? se preguntará el lector.

Para mi un experimento genera un compromiso mayor. Cuando experimentamos no estamos simplemente planteando cambiar algo de manera arbitraria sino más bien estamos buscando solucionar un problema específico que ya tenemos identificado.

Y por si fuera mejor, para saber si el experimento sirvió de algo, debemos poder medir el éxito, por lo cual podemos generar métricas a partir del experimento. ¿Que manager puede resistir tener más métricas ;)?

Cambiar, por otro lado, es un mero acto aislado que puede o no medirse; puede o no generar conocimiento; y lo más probable que quede en el olvido.

Un experimento plantea un cambio, pero un cambio no genera un experimento por si solo.

Si todavía no estas convencido, te invito a experimentar en tus proyectos. Si no estás seguro de por donde empezar podés usar la guía ágil de experimentos de Kleer :



Cuando terminen los experimentos que estoy corriendo actualmente es probable que vuelva sobre este tema para contar qué hicimos, cómo lo medimos y que tal nos resultó.

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